Jalisco en llamas: La caída del capo y el infierno en las calles Por la redacción de Fasnoticias Hoy, el cielo de Jalisco no es del azul de sus...
Jalisco en llamas: La caída del capo y el infierno en las calles
Por la redacción de Fasnoticias
Hoy, el cielo de Jalisco no es del azul de sus campos de agave; se ha teñido de un gris denso, asfixiante, producto del humo y el caos. La tierra que le dio a México sus símbolos más internacionales hoy respira pólvora y miedo. El detonante: el abatimiento del máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho". Una noticia que, lejos de traer un suspiro de alivio a la población, desató las puertas del infierno.
La respuesta de la estructura criminal ante la caída de su líder no se hizo esperar, y la estrategia ha sido la del terror paralizante. En cuestión de horas, la Zona Metropolitana de Guadalajara y diversos puntos carreteros del estado se convirtieron en zonas de guerra. Gasolineras devoradas por las llamas, tiendas departamentales —como sucursales de Costco— convertidas en escenarios de pánico y fuego, y vehículos particulares arrebatados a ciudadanos inocentes para ser calcinados y usados como barricadas.
Lo que estamos presenciando no es solo un "efecto cucaracha", es una demostración de fuerza, un despliegue paramilitar que desafía abiertamente al Estado. Los narcobloqueos y los retenes instalados por civiles fuertemente armados han cortado las arterias vitales de comunicación en el estado. El ciudadano de a pie, una vez más, ha quedado atrapado en el fuego cruzado: el trabajador que no sabe cómo volver a casa, las familias refugiadas en centros comerciales, y una sociedad entera que vive con el "Jesús en la boca".
Jalisco lleva años siendo el epicentro de una guerra que no pidió luchar. A la dolorosa tragedia de ser el estado que lidera a nivel nacional las cifras de personas desaparecidas —con madres buscadoras que escarban la tierra en Tlajomulco o Lagos de Moreno—, hoy se suma la crudeza de una violencia explícita e incendiaria a plena luz del día.
La caída del líder del cártel marca un punto de inflexión, pero abre un escenario aterrorizante: el vacío de poder. Históricamente, en la guerra contra el narcotráfico, la fragmentación de estos grupos suele traducirse en un recrudecimiento de la violencia territorial. El enfoque gubernamental de los tres niveles se encuentra hoy ante su mayor prueba de fuego.
La perla de occidente no brilla hoy; arde. La violencia en Jalisco no es solo un conteo de bajas, es una crisis de Estado que requiere ser documentada, analizada y enfrentada de raíz. Porque mientras las sirenas y el ruido de las balas intenten silenciar el mariachi, la verdadera paz seguirá viéndose como un espejismo entre el humo de los autos quemados.